martes, 24 de noviembre de 2015

Orígenes e Historia del jabón



¿Queréis saber la historia del jabón? ¿Desde cuándo se usa? ¿Quiénes fueron los precursores? ¿Cuáles fueron sus materiales iniciales? Pues sigue leyendo!!!


Los primeros en fabricar algo parecido a los jabones de aceite de oliva fueron los sirios en la ciudad de Alepo. Hace varios miles de años, aquellos comerciantes y artesanos ya fabricaban su famoso jabón con aceite de oliva y hojas de laurel.


El clima de Siria es muy variado. La mayor parte del país es un desierto que favorece la desecación de la piel y facilita las infecciones, pero en las montañas del norte, donde se encuentra Alepo, y el oeste del país, crecían espesos bosques mediterráneos en los que predominaba el famoso pino de su nombre.

En las cercanías de Alepo se encontraban dos productos naturales de gran valor que podían conseguirse fácilmente: el aceite de oliva y el laurel. Ambos tienen grandes propiedades culinarias, pero también son utilizados en cosmética y medicina natural por sus cualidades antioxidantes y regenerativas. Las mujeres de Alepo se dieron cuenta de que, añadiendo laurel molido al jabón, las infecciones de la piel se reducían considerablemente, ya que las hojas de este árbol poseen un antiséptico natural extraordinario.

La mezcla de grasas hervidas y cenizas, que son los elementos con los que se fabricaba jabón en la Antigüedad, se encuentra por primera vez en Babilonia hace 5.000 años. En Egpto se usaban aceites para limpiarse los cabellos, pero preferían perfumarse a lavarse. En la Biblia se menciona el uso de cenizas y aceites para limpiarse el cabello. Los fenicios usaban una mezcla de grasas y cenizas para limpiar telas. Los griegos usaban únicamente aceite, que se quitaban con una especie de raspador que arrastraba la suciedad; fueron ellos probablemente los que descubrieron la mezcla de ceniza y grasas animales para fabricar pastillas de jabón, pero son los romanos los que se achacan el descubrimiento; el historiador y naturalista romano Plinio, además, menciona en el siglo I los jabones blandos y duros (con sal común) usados respectivamente por germanos y galos, y en Pompeya, incluso se han encontrado las ruinas de una fábrica de jabón.

La leyenda cuenta que unas lavanderas romanas descubrieron por casualidad el jabón al mezclarse en  el mismo río cenizas vegetales  y grasas animales. Hasta ese momento, la ropa se lavaba según un método conocido como "pies de doncella", pues las mujeres pisaban la ropa en la corriente del río, dejando que el agua arrastrara la suciedad.



Con la caída del Imperio Romano, el jabón dejó de usarse, pero ya en el siglo VIII, en Savona, los italianos empiezan a elaborar jabón con grasa y ceniza. A éstos les seguimos los españoles, que desarrollamos el llamado jabón de Castilla, que sustituye la grasa animal por el aceite de oliva.

En el siglo VIII, españoles e italianos comenzamos a elaborar el jabón moderno, mezclando grasas animales, sobre todo grasa de cabra con cenizas, entre las que se cotizaban más las de haya, por su finura. En realidad el jabón podía fabricarse, y de hecho se hacía, artesanalmente, con cualquier tipo de ceniza y el sebo de los animales más cercanos. Estos jabones servían para limpiarse y la única manera de combatir el desagradable olor de la grasa era añadir plantas aromáticas o flores, como los pétalos de rosas, durante la preparación. Al combinarse con la ceniza (equivalente a la sosa), las grasas se descomponen en ácidos grasos (el jabón propiamente dicho) y glicerina, que , pese an o ser jabón, es un buen suavizante.

Hasta el siglo XII, los mejores jabones se preparaban en el sur de Europa, especialmente en Italia y España, donde era fácil  proveerse de aceite de oliva. En el resto de Europa era común el uso de grasas animales e incluso de pescado, pero los jabones eran de peor calidad. En el S. XIII, los franceses empezaron a producir los jabones más cotizados en las cercanías de Marsella, gracias al aceite de oliva.



La epidemia de la peste negra en el S. XIV hizo que se cerraran muchos baños públicos, que no eran raros en Europa, al creerse un lugar de contagio, y el uso del jabón cayó en desuso incluso entre la nobleza, que prefería embadurnarse el cuerpo de perfumes para evitar los malos olores.

A principios del S. XVI, la fabricación del jabón toma impulso  con el uso del aceite de oliva y la sosa cáustica, y los ingleses se lanzan a ello de tal manera que los primeros colonos americanos se llevan grandes cantidades de este producto en sus primeros viajes. Los puritanos se acostumbran de tal manera que, al separarse de Inglaterra, empiezan a fabricar sus propios jabones.

La necesidad del aceite de oliva, propio del Mediterráneo, hace que en Europa vuelva a popularizarse durante el S. XVII el jabón de Castilla, que se exporta en grandes cantidades. No tardará en ser desbancado, sin embargo, por el jabón de Marsella que, teniendo la misma fórmula, consiguió hacerse popular en toda Europa y que su nombre llegue hasta el presente.

En el S. XVII, en vida de María Antonieta, está de moda el jabón de Alepo, y también el uso de ceniza para el lavado de ropa.  Este uso de la ceniza provocó la deforestación de amplias zonas del bosque mediterráneo, debido a la exportación de la ceniza. Algunos historiadores consideran que tiene mucho que ver con la falta de árboles en la comarca aragonesa de los Monegros, cuyos árboles convertidos en ceniza se vendían a los franceses para que pudieran realizar la "colada", puesto que la Revolución Francesa había acabado con la tala abusiva de árboles en Francia. En España, la tala se acabaría tras la revuelta contra las tropas napoleónicas.

En 1789, el químico francés Nicolas Leblanc, descubre el proceso para obtener el carbonato de sodio que revolucionará la fabricación del jabón. Aunque Leblanc  se arruinó montando en 1791 una fábrica para obtener este producto industrialmente, el carbonato de sodio o soda sustituiría muy pronto al carbonato de potasio que se obtenía del lavado  de la ceniza.  En 1783, el químico sueco Wilhelm Scheele descubrió por accidente que al hervir el aceite de oliva con plomo, se producía una sustancia dulce que hoy conocemos como glicerina. La glicerina atrae la humedad hacia la piel, y como descubrió el francés Michel Eugène Chevreul en 1823, es uno de los productos de la saponificación, la unión de un aceite graso (sebo o aceite) con un álcali (carbonato, hidróxido o lejía de sosa), para fabricar jabón.



Cuando el jabón se empieza a  producir industrialmente se  prepara en grandes calderas llamadas "de plena cocción ", en las que se calientan la grasa y la sosa cáustica para producir la saponificación. Después se extrae la glicerina, que se vende por separado.


Fuente: Jabones naturales para hacer en casa con aceite de oliva. Mar Gómez. Edit: Océano Ambar.

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